Trabajar por cuenta ajena o propia

ser autonomo o asalariado

Es importante aclarar que este no es un post para ver cual es la mejor opción en el mundo laboral. No voy a dar las claves del éxito empresarial o las ventajas de trabajar por cuenta ajena.

Este es un post de reflexión personal aclarándome, y de paso exponiendo al resto, porque llevo gran parte de mi vida laboral cotizando en régimen de autónomos.

Cuando explicas que eres autónomo despiertas varias respuestas tipificadas en los siguientes grupos:

  • Gestión de jornada laboral: “Vamos, que si quieres no vas a currar y no pasa nada.” Claro, a los autónomos nos cae el maná del cielo solo por pagar la cuota de autónomos.
  • Exención de trato indeseado. “No tienes que aguantar a ningún jefe gilip*****!” Por norma, tu jefe es mi cliente, y por suerte, son todos muy agradables.
  • Estado económico: “Tu cobras mucha pasta entonces”. Si, todos los autónomos sin excepción acabamos la jornada nadando en una piscina llena de billetes.
  • Estado de salud : “Tú no te pones malo nunca, no?” Me pongo enfermo cómo todo el mundo, pero tengo que estar muy enfermo para dejar de trabajar.
  • Capacidad de conocimiento adquirido: “Tú , o sabes mucho, o tienes enchufe!” Pues con el tiempo aprendes mucho y no dudo que debe haber gente con enchufe, incluso puede que haya gente con enchufe que sepa mucho. De todo habrá.

Recuerdo perfectamente cuando decidí que trabajaría por cuenta propia. En el inicio de mi vida laboral, trabajando en una gran empresa, fui testigo de despidos de mayores de 50 años que, por falta de resultados satisfactorios en la cuenta de beneficios, se veían fuera del panorama laboral sin entender que la decisión no tenia nada que ver con su capacidad profesional. Mi principal motivación fue ser el primer y último responsable de mi fracaso. Digo fracaso y no éxito porque el éxito es continuar día tras día haciendo mi trabajo, resolviendo las necesidades de mis clientes y consolidando su confianza en mi trabajo.
Con el tiempo (ya suman más de 12 años) he encontrado motivos por los que vale la pena y otros por los que no vale tanto la pena ser autónomo. Los voy a englobar en los grupos anteriores:

  • Gestión de Jornada laboral: Eres el dueño de tu agenda, puedes llevar a los niños al colegio, o faltar un día para ir a la presentación de un libro. Tú decides cuando empieza y acaba tu jornada laboral, pero también puede acabar mucho más tarde de lo deseado o incluso trabajar un bendito domingo. No pienses que gestionar tu agenda significa trabajar menos.
  • Exención de trato indeseable: Los jefes se convierten en tus clientes. Es cierto que nadie trata de imponerte sus ideas por rango jerárquico, pero son tus clientes y por tanto los que pagan y los que decidirán si te vuelven a encargar otro proyecto. La parte positiva es que normalmente tienen en consideración lo que tienes que decir y valoran positivamente que te impliques en su proyecto, hecho que te sitúa en su misma escala de valores
  • Estado económico: Tu facturación puede parecer mayor que una nómina de un trabajo similar al tuyo, pero piensa que, mientras tu homónimo a cuenta ajena sólo trabaja de su profesión, tú haces a la vez de gerente, contable, comercial, “social manager”, publicista, responsable de prevención de riesgos laborables, analista de resultados, recepcionista y jefe de compras. De tu facturación tienen que salir las cuotas de Autónomos, los Seguros de Responsabilidad Civil, gestores, licencias de software, local, ordenadores, las tarjetas de visita, Internet, luz, papel, bolígrafos y incluso grapas y clips. Ten en cuenta también, que los meses de vacaciones como agosto o diciembre tu facturación sufrirá variaciones significativas por lo que deberás hacer una previsión de fondos. Visto así ya no es tan alta tu facturación, verdad?
  • Estado de salud: Siento decirte que tu salud no mejorará al hacerte autónomo. No hay nada que confirme este bulo popular. Lo único que se le puede parecer es que la responsabilidad hacia los acuerdos que has tomado con tus clientes supera a tus resfriados, dolores de cabeza o malestares generales, y en el caso que no lo superen seguramente cambiaras tu tranquilo lugar de trabajo en tu oficina por el comedor de tu casa con una taza de caldo, el teléfono y el ordenador, arropado bajo una manta.
  • Capacidad de conocimiento adquirido: Si es en el trabajo donde aprendes tu oficio, imagínate lo que puedes aprender si trabajas para varias empresas a la vez. No solo aprendes diferentes técnicas, sino que aprendes de tus clientes y sus proyectos. La formación es constante y necesaria para el autónomo. Salir de la zona de comodidad y aventurarse en nuevos aprendizajes te hace más versátil y atractivo a los ojos de tus clientes.

Resumiendo. No existe en esta cuenta de resultados nada que nos aclare cual es la mejor opción, así que se podría decir que es una opción personal.

Mis motivos son:

  • Ser el primer y último responsable de mi fracaso y éxito.
  • Aprender cada día más cosas que me hacen querer aprender aún más.
  • Tratar a mis clientes como personas de las que puedo aprender y a las que puedo ofrecer algo más que mi trabajo.
  • Cambiar de proyecto con cada cliente mantiene viva la llama de la pasión por mi trabajo.

Si este texto ha ayudado a alguien a decantarse hacia una o otra opción, habrá conseguido mucho más de lo esperado. Lo que si ha hecho es recordarme porque me gusta ser autónomo y porque sigo amando mi trabajo.